El cine o el hombre imaginario. Capitulo 1. El cine, el avión
Tanto la invención del cine como la del avión significaron para la humanidad una nueva forma de ver. El avión concedió un nuevo espacio para soñar: fue una suerte de conquista de los cielos y, con ello, se amplió el horizonte de la mirada colectiva del ser humano.
Mientras tanto, la cámara ofreció la posibilidad de compartir la mirada. Esa mirada cinematográfica, que según Raoul Ergmann tenía en su naturaleza la compulsión de representar acontecimientos irreales o sobrenaturales. Tal vez alude a su capacidad de animar sombras, a esa cualidad espectral de un teatro de marionetas fantasmales suspendidas en el tiempo. Es fácil ver por qué muchos autores lo comparan con un sueño: es un espacio que solo existe en la imaginación y que, como todo sueño, pide al espectador olvidar que lo que está a punto de vivir es solo una ilusión. El cine nos regaló la oportunidad de compartir esas ilusiones.
Pero es importante recordar que el cine está hecho tanto de técnica como de ese aspecto esotérico. Es imposible concebirlo sin su cualidad onírica, pero tampoco sería posible sin su base técnica. Esta se fue desarrollando a lo largo de los años gracias a personajes como Joseph Plateau, inventor del fenaquistiscopio, cuya idea fue retomada por William George Horner para crear el zoótropo. El cine es, al final, el resultado de un esfuerzo colectivo impulsado por el deseo de contar historias.
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